Primera parada: Barcelona

Por Beatriz Sánchez

Usuario Juanedc. creative commons

Hay veces en las que piensas que una ciudad no será para ti. Casi sin motivo, quizás por lo que has oído por ahí, por una imagen que, no sabes cuándo ni por qué, se ha creado en tu mente y estás en el convencimiento de que corresponde a la realidad. Y no es precisamente por desagrado, es simplemente que se va buscando otro ambiente, otro sabor, otro estilo de lugar, otra cosa… y desechamos un sitio por una idea, sin base real o lógica que otorgue sentido a esa elección.  Entre algunas ciudades más, a mí me ocurrió con Barcelona.

-“¿Por qué no? El puerto olímpico, el parque Güell, la Sagrada Familia, la arquitectura modernista, plaza de España,…”

Por mucho que formulasen la pregunta, no cambiaba la contestación.

-“Pues no lo sé, pero siento que no me gustaría tanto, así que de momento prefiero otras partes.”

Obviamente sabes que algún día irás, o no, lo que sabes es que tal lugar no está en la lista de ciudades obligadas para conocer por famosa que sea, por mucho que hayas oído maravillas de la misma en varias ocasiones.  

Sí, pero oye, no te llama la atención y no hay más que hacer. O sí.

Y de pronto, una decisión va de la mano de un cambio de tantos que ha habido en la ruta inicial planificada y la vida, el devenir o tus pasiones te conducen a ese sitio y no te niegas porque, ¿qué mejor destino que el no previsto? Al fin y al cabo, de eso trata vivir, ¿no? De un raudal de sorpresas que salpimentan tu existencia y la convierten en algo lleno de desbarajustes que es lo que consiguen que todo sea distinto y se salga de lo cotidiano.

De repente, Barcelona.

Y te percatas de que no es el parque Güell, ni la Sagrada Familia ni nada de lo que te habían contado hace ya tiempo. Son las historias relatadas una tarde en una ruta de clase por la Barcelona del siglo pasado, son sus zonas pintorescas, su ambiente cosmopolita y juvenil, el mar, ese acentillo de la gente por las calles, es enguarrarte la cara comiendo unos calçots.                                                          

Es, sencillamente y sin necesidad de algo más, Barcelona.

Es el punto de encuentro y de partida de seis personas en este caso, ¡y qué punto de partida! Y das gracias a la vida, al devenir, a tus pasiones y a no sabes qué más por haberte arrastrado hasta aquí.

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